Los alados celestiales me miraron con desprecio,
Los del maligno se afligieron al verme pasar,
Incrédulo aun después de todo,
Incrédulo, camine hacia el trono.
Aún no lo podía creer, ¡aún no lo creía!
Entre sus ángeles y mis demonios
Entre lo bueno y lo malo,
Por ahí pasé yo.
El diablo sintió pena por mi culpa
Los ángeles lloraron reflejando su dolor
Yo pensé que soñaba.
Cuando supe que era cierto
No me arrepentí.
Era verdad que me mentía y
De mi mentira hice mi propia verdad
Una verdad subjetiva
Nunca hubo más.
El infierno si existía,
Era verdad.
Aún no lo podía creer, ¡aún no lo creía!
Y caí a lo profundo del abismo
Donde el silencio me sepultó.
Mi verdad fue mi condena,
Negué creyendo, por no querer creer
Si tuve alma, pero sólo supe de mi razón
Mi razón siempre estuvo errada
A mi alma condenó
Aún no lo puedo creer, ¡aun no lo creo!

Qué abstractos son los surcos de la verdad. Igual la razón que se alimenta de cosmogonías heredadas. Entre ese dualismo en el que danzan tus versos hay un centro, caótico, violento y tranquilo... tal vez sea eso que llamemos contradicciones, como la propia libertad que por más que la buscamos sigue siendo un cuento infantil (eso creo, y quizás me condene como vos).
ResponderEliminarMe ha gustado este regreso, fuerte y atentado. Abrazos.
Las palabras nos condenan, la vida parece ser una dialéctica que se desarrolla a partir de los diversos cambios, generando a su vez, muchos más, por ello tanta dualidad. En cuanto a la Libertad, tienes razón en afirmar que no es otra cosa que un "cuento infantil" o por lo menos algo que se le asemeja, pienso que es tan subjetiva como la verdad, sin embargo, luego vendrán las críticas a mi subjetivismo Sofista jejeje Saludos Caco. Gracias por leerme.
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